Ayer fue un duro día, y digo ayer y apenas hace 12 minutos que cambió en el calendario el día.
Te estuve pensando intermitentemente, las horas se hacían iguales, a pesar de la ardua labor.
Mis dos manos están exhaustas, pero no para escribirte a vos, que al fin siempre te transformas en la fuerza para seguir.
Por un momento mire al cielo y el calor me recordó nuestras tardes de verano en Córdoba, caminando sin rumbo, parloteando sin sentido acerca de alguna sin razón que nos atrapaba.
Mi querida Ave, las horas pasan y pasan y yo te extraño con la misma fuerza del primer día, todavía puede rememorar nuestro último beso, es el recuerdo lo que me mantiene funcionando, además de la invisible fuerza que crece en mi con solo llamarte a mi lado; estas en mi corazón y por ello en todas partes mi avecita.
Mañana los compañeros y yo daremos un paseo para buscar un lugar propicio para cavar un pozo, esperamos conseguir agua muy pronto.
Todos están cansados, se ven las barbas desprolijas, algunas de las mujeres dejaron la maña de retocarse el peinado cada vez que parábamos a descansar. Laura, a nadie se le ve tan lindo el cabello revuelto como a vos por las mañanas o en las tardes luego de retozar en mis brazos.
El correo sale el jueves próximo, espero llegue pronto a destino esta y las otras cartas que te envío.
José.
Supongo que el correo ya habra llegado.
ResponderEliminarun placer pasar por tu casa.
feliz fin de semana.
Gracias Ricardo!!!...
ResponderEliminarSupongo lo mismo.
Igualmente para vos!
tan tierno, tan triste, tan esperanzador...
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